La decisión de la separación

    Olivia 34 años

    Madre soltera

    Parte 1

    Esta historia comenzó cuando conocí a Octavio, empezamos una relación y desde el principio toleré cosas que no debía, entre otras, su manera de beber.

    Un día me enteré de que estaba embarazada y, para mi sorpresa, él reaccionó muy positivamente: propuso que viviéramos juntos. El curso de mi embarazo fue bonito. Nuestra hija nació sana, me sentí afortunada.

    El padre de mi hija, era muy alegre, dicharachero, en una palabra: “encantador”, pero cuando salía su personalidad rencorosa y chantajista, el mundo se volvía gris.

    Durante cinco años que viví a su lado, experimenté  situaciones muy angustiantes como: verlo golpeado cuando regresaba a casa por haber reñido con algún cuate, llamadas telefónicas que me informaban había tenido un accidente y, desvelos ante sus ausencias por pensar que, tal vez estaría tomando y, ya alcoholizado, regresaría manejando. Todavía recuerdo el pánico que me producía escuchar en la madrugada el motor del coche por el ruido tan especial que hacia cuando lo enfrenaba.

    A pesar de todo lo que estaba viviendo, yo no comentaba nada con mi familia, ni con  amistades, guardaba  todo este torbellino de problemas en mi corazón, quizás resguardaba el secreto, por pensar: “El va a cambiar y todo va a funcionar sin contratiempos”.

    También sabía que, si se lo contaba a mi familia, inmediatamente me vería presionada a dejarlo, situación que no quería, ni tenía la menor intención de hacerlo. A pesar de todo, en él encontraba refugio y, además, lo amaba.

     

    ANÁLISIS Parte 1:

    En esta primera parte de la historia de Olivia, claramente podemos detectar la Fase del Pre divorcio.

    Esta etapa está plagada de dudas y titubeos. Se ve y no se quiere ver.

    Ante el inminente embarazo ella consideró la respuesta de él como positiva, esto explica que lo observado como una  fortaleza en la relación, con el tiempo se tornó una debilidad, pues hizo que se perpetuara el mal trato de él hacia ella, el cual existió desde el inicio de la relación.

    Las crisis producidas por su alcoholismo eran vistas como pasajeras y no producto de una fuerte adicción.

    Ante este enfoque que Olivia les daba, la expectativa de Cambio en él continuaba. Un cambio difícil de presentarse, en él porque no tenía conciencia o no quería aceptar su adicción, y en ella, por ignorar la codependencia que ya había establecido.

    Ante esta falta de claridad era difícil que ella pudiera hablar con alguien sobre lo que le acontecía y, menos con algún familiar, porque la confrontarían y no estaba preparada para aceptar su real situación, aún anhelaba el Cambio.

    El lenguaje a veces se torna precario y reductivo es por ello que llamamos: “Amor a la falta de Amor a uno mismo”.

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